Friday, November 25, 2011

Personajes En La Vida De Jesús-Parte I

Caifás 
José Caifás era quien ocupaba el puesto de sumo sacerdote durante el ministerio terrestre de Jesús. (Lu 3:2.) Era yerno del sumo sacerdote Anás (Jn 18:13; véase ANÁS), y recibió su nombramiento del antecesor de Poncio Pilato, Valerio Grato, hacia el año 18 E.C., aunque hay quien afirma que no fue sino hasta el año 26 E.C. Ocupó ese cargo hasta alrededor del año 36 E.C., más tiempo que cualquiera de sus predecesores inmediatos, gracias a su sagaz diplomacia y cooperación con el gobierno romano. Caifás era saduceo (Hch 5:17) y buen amigo de Pilato.
Como cabecilla del complot contra Jesús, Caifás profetizó, aunque no de sí mismo, que Jesús moriría en breve por la nación, e hizo todo cuanto pudo para que esto fuera así. (Jn 11:49-53; 18:12-14.) En el juicio de Jesús delante del Sanedrín, rasgó sus prendas exteriores de vestir y dijo: “¡Ha blasfemado!”. (Mt 26:65.) Cuando Jesús compareció ante Pilato, Caifás probablemente fue uno de los que gritaron: “¡Al madero con él! ¡Al madero con él!” (Jn 19:6, 11); fue uno de los que pidieron que se soltase a Barrabás en vez de a Jesús (Mt 27:20, 21; Mr 15:11); estuvo entre los que gritaron: “No tenemos más rey que César” (Jn 19:15), y también fue uno de los que protestaron por la inscripción que se había puesto sobre el madero de tormento de Jesús: “El rey de los judíos”. (Jn 19:21.)
La muerte de Jesús no hizo que Caifás cesase de perseguir al incipiente cristianismo. Sin dilación se llevó a los apóstoles ante este líder religioso; se les ordenó con firmeza que dejaran de predicar, se les amenazó e incluso golpeó, pero en vano. “Todos los días en el templo, y de casa en casa, continuaban sin cesar” con su predicación a pesar de la posición de Caifás. (Hch 4:5-7; 5:17, 18, 21, 27, 28, 40, 42.) Pronto las manos de Caifás se volvieron a manchar de sangre, esta vez con la del justo Esteban, y más tarde facilitó a Saulo de Tarso cartas de presentación para que pudiera extender la campaña homicida contra los cristianos hasta Damasco. (Hch 7:1, 54-60; 9:1, 2.) Sin embargo, no mucho después, un funcionario romano llamado Vitelio destituyó a Caifás de su puesto. (Biblia Dinámica)

According to Josephus (Antiquitates, XVIII, iv, 3), Caiphas was appointed High-Priest of the Jews by the Roman procurator Valerius Gratus, the predecessor of Pontius Pilate, about A.D. 18 (Ant., XVIII, ii, 2), and removed from that office by the procurator Vitellius, shortly after he took charge of affairs in Palestine, A.D. 36 (Ant., XVIII, iv, 3). During this period the famous Annas, father-in-law of Caiphas (John 18:13), who had been high-priest from A.D. 6 to 15, continued to exercise a controlling influence over Jewish affairs, as he did when his own sons held the position. This explains the rather puzzling expression of Luke 3:2, epi archiereos Anna kai Kaiapha (under the high-priest Annas and Caiphas; cf. Acts 4:6). Caiphas was certainly the only official high-priest at the time St. Luke refers to, at the beginning of the public life of Christ; but Annas still had his former title and a good deal of his former authority. The role assigned him in the trial of Christ, in John 18, points to the same continued influence. In the measures taken by the Jewish authorities to do away with Jesus, Caiphas certainly had the most discreditable part. After the raising of Lazarus, the priests and Pharisees held council to determine what was to be done in view of the manifest signs of the Prophet of Nazarus and what they were pleased to consider the danger resulting to the country. The words of Caiphas, the high-priest of that year, are reported by St. John: "You know nothing. Neither do you consider that it is expedient to you that one man should die for the people, and that the whole nation perish not" (11:49-50). They show a disdain for others, and a determination to get rid of this man who was displeasing to him, without any consideration of the justice of his cause. But while we may see in the declaration of Caiphas the manifestation of very unworthy sentiments, we are warned by St. John that it was prophetical. The high-priest expressed in a striking way the meaning of the sufferings of the Man-God (John 11:51-52), though he could not have realized the full import of those mysterious words. The death of Jesus being resolved upon, the most unscrupulous means were employed in order to bring it about, and Caiphas is chiefly to blame. The meeting determined upon by the princes of the priests and the elders of the people, "that by subtilty they might apprehend Jesus", was held in the house of Caiphas (Matthew 26:3-5). The hill south of Jerusalem where this house is said by tradition to have stood is called the "Hill of Evil Counsel". As high-priest, Caiphas was the official head of the Sanhedrin, and consequently responsible for the travesty of a trial to which Christ was submitted by the Jewish authorities, before they handed Him over to Pilate and stirred up the people to demand his death.

After the death of Jesus, Caiphas continued to persecute his followers. When Peter and John were brought before the Council after the cure of the lame man at the Beautiful Gate of the Temple (Acts 4:6 sqq.), Caiphas was still high-priest, since he was removed A.D. 36 or 37. We can say with almost equal certainty that he was the high-priest before whom St. Stephen appeared (Acts 7:1), and that it is from him that Saul obtained letters authorizing him to bring the Christians of Damascus to Jerusalem (Acts 9:1-2). At a time when high-priests were made and unmade by officials of Rome, and when the principal quality required seems to have been subserviency, it is no credit to the character of Caiphas to have enjoyed their favour so long. Josephus mentions his rule in connection with a series of acts of Vitellius which were agreeable to the Jews. We are not told what became of him after his deposition.(New Advent)




Anás
Quirino, gobernador romano de Siria, nombró sumo sacerdote a Anás alrededor del año 6 ó 7 E.C., y sirvió como tal hasta aproximadamente el año 15 E.C. (Lu 2:2), así que era sumo sacerdote cuando Jesús, a la edad de doce años, asombró a los maestros rabínicos en el templo. (Lu 2:42-49.) Sin embargo, el procurador Valerio Grato lo destituyó del puesto de sumo sacerdote porque, según ciertas acusaciones, se extralimitaba en el desempeño de las funciones que los romanos le habían asignado. Aunque no volvió a ser sumo sacerdote oficial, hay muchas pruebas de que siguió ejerciendo gran poder e influencia como sumo sacerdote emérito y su voz era prioritaria en la jerarquía judía. Cinco de sus hijos, así como su yerno Caifás, fueron a su vez sumos sacerdotes. Debido a su prominencia, a Anás se le designa en las Escrituras con merecimiento como uno de los principales sacerdotes. (Mt 26:3; Lu 3:2.) Cuando Jesús fue detenido, lo llevaron en primer lugar a Anás para que lo interrogara y después a Caifás para que se le juzgara. (Jn 18:13.) El nombre de Anás encabezaba la lista de los máximos oponentes de los apóstoles de Jesucristo. (Hch 4:6.)
La acaudalada y poderosa casa levita de Anás tenía en la venta de animales para sacrificios dentro de los terrenos del templo una de sus principales fuentes de ingresos, razón suficiente para procurar matar a Jesús, quien limpió dos veces el templo, al que ellos habían convertido en una “cueva de salteadores”. (Jn 2:13-16; Mt 21:12, 13; Mr 11:15-17; Lu 19:45, 46.) Es probable que otra razón por la que Anás odiaba tanto a Jesús y a sus apóstoles fuera la enseñanza de Jesús sobre la resurrección, la misma resurrección de Lázaro como prueba viviente de esta doctrina y la predicación y enseñanza que de ella siguieron haciendo los apóstoles, pues si Anás era en efecto un saduceo, no creía en la resurrección. (Hch 23:8; compárese con Hch 5:17.) (Biblia Dinamica)




Emperador Tiberio
Segundo emperador de Roma. Nació en el año 42 a. E.C., y era hijo de Tiberio Claudio Nerón y Livia Drusila. Cuando su madre se casó con Augusto en el año 38 a. E.C., él pasó a ser el hijo adoptivo del emperador. A instancias de su padre adoptivo, se divorció de su esposa Vipsania Agripina a la edad de treinta y un años y contrajo matrimonio con Julia, la hija de Augusto.
Augusto escogió a Tiberio como sucesor después que habían muerto todos los demás candidatos que prefería. Augusto falleció el 17 de agosto del año 14 E.C. (calendario gregoriano), y el 15 de septiembre Tiberio permitió al Senado que lo nombrara emperador, cuando Jesús tenía unos 15 años de edad. Juan comenzó a bautizar “en el año decimoquinto del reinado de Tiberio César”. Si se cuentan los años desde la muerte de Augusto, el año decimoquinto comenzó en agosto del año 28 E.C. y terminó en el mismo mes del año 29 E.C. Si se contara desde su proclamación oficial como emperador, el año decimoquinto comenzaría y terminaría en el mes de septiembre de los mismos años. (Lu 3:1-3.)
Tiberio murió en marzo del año 37 E.C., por lo que fue emperador durante todo el tiempo del ministerio de Jesús. De modo que era la imagen de Tiberio la que tenía la moneda que le llevaron a Jesús cuando dijo: “Paguen a César las cosas de César”. (Mr 12:14-17; Mt 22:17-21; Lu 20:22-25.) Tiberio amplió la ley de laesa majestas (Lesa Majestad) para que penalizase, además de actos sediciosos, el empleo de términos difamatorios contra el emperador, y probablemente los judíos se basaron en esta ley para presionar a Poncio Pilato a fin de que se diese muerte a Jesús. (Jn 19:12-16.) Posteriormente Tiberio llamó a Pilato a Roma debido a las quejas de los judíos contra su administración, pero Tiberio murió y fue sucedido por Calígula antes que Pilato llegase.
Como emperador, Tiberio tuvo tanto virtudes como vicios. Impidió que se gastara dinero en frivolidades y usó los fondos con generosidad en favor de la prosperidad del imperio, así como para paliar los efectos de desastres o tiempos adversos. Se consideró a sí mismo un hombre, no un dios; rehusó muchos títulos honoríficos y, por lo general, centró la adoración del emperador en Augusto más bien que en sí mismo.
Sin embargo, sus vicios excedieron a sus virtudes. Era extremadamente receloso e hipócrita; durante su reinado mandó asesinar a gran cantidad de personas, y entre sus víctimas estuvieron muchos de sus anteriores amigos.
Consultó a astrólogos. En su villa de Capri, donde pasó los últimos diez años de su vida, se entregó a deseos lascivos y perversos de la clase más degradada con hombres que se tenían para propósitos contranaturales.
A Tiberio no solo lo despreciaron, por ejemplo, su maestro de escuela, Teodoro de Gadara, y su propio padre adoptivo, Augusto, sino también sus súbditos en general. Después de su muerte el Senado rehusó deificarle. Por estas y otras razones, los escriturarios ven en Tiberio un cumplimiento de la profecía que dice que “uno que [había] de ser despreciado” se levantaría como el “rey del norte”. (Da 11:15, 21. (Biblia Dinámica)

The second Roman emperor (A. D. 14-37), b. 16 November, 42 B. C., d. 16 March, A. D. 37. He was the son of Tiberius Claudius Nero and Livia. By the marriage of his mother with Emperor Augustus he became the latter's stepson, and was adopted by Augustus in A. D. 4. In the year 10 he was appointed coregent with Augustus. Hard and secretive by nature and embittered by the neglect with which his step- father allowed him to be treated, he did not arouse personal enthusiasm, and until recently was described by historians as a bloody tyrant. It is only during the last sixty years that he has been more fairly judged, and at present the opinion begins to prevail that he was a genuine Roman, a ruler faithful to his duties, just, wise, and self-contained. In his internal policies especially he is one of the most distinguished of all Roman emperors. Like Augustus he reformed and improved every department of the government, and promoted in every direction the prosperity of the empire of which Augustus had laid the foundation. He developed imperial power by declining to have his authority renewed from time to time by the Senate, as Augustus had done. The strong opposition which grew up against him was due to his taciturn and domineering disposition, and to the influence of the prefect of the guard, Ælius Sejanus, who alone possessed his confidence. The persecutions and executions for lese-majesty, which rapidly increased during the second half of his reign, and the gloom which pervaded Rome induced Tiberius to leave the capital altogether in the year 26 and to live partly in Campania and partly on the Island of Capri. Before this date the question as to the succession to the empire had led to a terrible family tragedy. By his first marriage Tiberius had a son called Drusus, while his second marriage with the immoral Julia, daughter of Augustus, was childless. After the death of his nephew Germanicus (A. D. 19), whom he had been obliged to adopt at the command of Augustus to the exclusion of his own son, he hoped to secure the succession for Drusus. A low intrigue was formed against this plan, in which the wife of Drusus, Livilla, who had illicit relations with Sejanus, took part. In the year 23 Drusus was poisoned by Sejanus and Livilla. However, when in 31 Sejanus formed a conspiracy to secure the throne for himself, Tiberius was warned at the last moment and had Sejanus executed. Tiberius spent his last years in constantly increasing seclusion, misanthropy, and cruelty on the Island of Capri, where it is said he abandoned himself to debauchery. However, these reports are at least coloured by prejudice and have not been satisfactorily proved. Neither is it probable that Tiberius was murdered.
The ministry and death of John the Baptist and of Jesus Christ occurred during the reign of Tiberius. According to St. Luke (iii, 1), St. John the Baptist was called by God, in the fifteenth year of the reign of Tiberius, to prepare the way for Christ as His precursor. Shortly before his death Tiberius recalled the procurator Pontius Pilate from Judea. Tertullian (Apologeticum, v, xxi), from whom Eusebius and Orosius take the story, relates that Tiberius received a report concerning Christ and that he called upon the Senate to place Christ among the gods. The Senate rejected the request; Tiberius then threatened the accusers of the Christians with punishment. The narrative is not worthy of belief, still it is probable that Tertullian knew a document that professed to be a report of Pilate. (New Advent)

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